Parecía un sueño casi imposible cuando Qatar anunció su candidatura para organizar la Copa del Mundo.

Después de todo, la pequeña nación árabe está ubicada en el medio del desierto -con temperaturas que alcanzan los 48 grados Centígrado (118 Fahrenheit)- en una de las zonas más conflictivas del mundo, y donde el entretenimiento usualmente se limita a visitar los centros comerciales.

Sin embargo, los qataríes festejaron el jueves después que la FIFA les otorgó el Mundial de 2022.

Al vencer a los favoritos Estados Unidos y Australia, el país del Golfo Pérsico, con una población de 1.6 millones de habitantes, dio la gran orpresa gracias a su campaña publicitaria repleta de luminarias, la gran riqueza del petróleo y el gas, y los ambiciosos planes de poner aire acondicionado en los estadios y las zonas para los fanáticos.

Fue como si la selección de Qatar, ubicada en el puesto 113 del ranking mundial, hubiese vencido a Brasil en la final del Mundial.

»Gracias por creer en el cambio», dijo el emir de Qatar, el jeque Hamad bin Khalifa Al-Thani, tras el anuncio en Zurich.

Hasta el final, parecía que Qatar luchaba simplemente para que lo tomaran en serio.

La evaluación de la FIFA destacó la preocupación por el pequeño tamaño del país y los peligros del calor, mientras que una compañía asesora indicó que otro candidato para 2022 generaría más ganancias que Qatar. Qatar también fue blanco de una pesquisa por las acusaciones de que confabuló para intercambiar votos con España-Portugal, candidato para 2018, pero la FIFA no pudo comprobarlas.

Pero tras bastidores, Qatar estaba convenciendo a los escépticos.

Tuvo una de las campañas de cabildeo más agresivas y abarcadores, encabezada por el inglés Mike Lee y que contó con el respaldo de figuras como el técnico del Barcelona, Pep Guardiola; su colega de Manchester United, Alex Ferguson; y el legendario futbolista francés Zinedine Zidane.

Qatar logró un acuerdo para patrocinador el congreso de la Confederación Africana de Futbol, donde tuvo acceso exclusivo a los líderes del fútbol africano. En los últimos meses, promocionó su candidatura de Singapur a Brasil, e invitó a unos 20 jefes de federaciones africanas a un amistoso entre Brasil y Argentina apenas dos semanas antes de la votación.

Japón y Corea del Sur eran los otros candidatos para 2022.

Qatar prometió gastar mucho dinero, un punto a su favor en momentos en los que los gobiernos de Gran Bretaña y España están reduciendo sus presupuestos.

Con amplias reservas de petróleo y gas, Qatar tiene una de las economías de mayor crecimiento en el mundo -FMI pronosticó que crecerá 16% este año y 18.6% en 2011- por lo que difícilmente se quedará sin dinero para completar la construcción de infraestructura y estadios.

Qatar invirtió millones de dólares en infraestructura y 4 mil millones para construir nueve estadios y remodelar otros tres. Todos contarán con sistemas de enfriamiento para mantener la temperatura en alrededor 27 grados Centígrado (81 Fahrenheit). También se utilizarán sistemas de enfriamiento en las sedes de entrenamiento de los equipos e incluso las zonas donde los fanáticos se reúnan a ver los partidos.

El país también apeló al legado del torneo, que se realizaría por primera vez en el Medio Oriente. Casi la mitad de la población de la zona del Golfo Pérsico tiene menos de 30 años, y Qatar cuenta con un poderoso aliado al ser la sede de la cadena Al-Jazeera, que llega a casi todo el mundo árabe.

Al igual que el resto del Golfo, Qatar ha utilizado su riqueza para comprar un puesto como protagonista en el mundo con aerolíneas de lujo y convenios con los principales museos y universidades del mundo. Pero mientras sus vecinos se conformaron con conseguir carreras de Fórmula Uno y torneos de golf o tenis, Qatar apuntó más alto.

Qatar fue candidato a los Juegos Olímpicos de 2016, pero tras perder, concentró todos sus esfuerzos y recursos en el Mundial.

Aún así, la idea de un Mundial en Doha sigue siendo polémica.

Sus detractores no están convencidos de que el sistema de aire acondicionado protegerá a los equipos y fanáticos del calor, y de que los organizadores puedan mantener entretenidos a los visitantes durante tres semanas. El consumo de alcohol, por ahora, está limitado a hoteles cinco estrellas y hay poco que hacer aparte de safaris por el desierto y acudir a los centros comerciales.

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